Hombreras, una constante en el mundo de la moda y la sociedad


Aunque considero que últimamente mi forma de vestir no va tan acorde a las tendencias como hace unos ayeres, me es imposible dejar de seguir los desfiles de moda, y sobre todo, el no notar ciertas constantes entre temporada y temporada, siendo una de las más notorias la exageración en la parte superior del cuerpo, específicamente en los hombros, interesante, ¿no creen?

Durante mi etapa como estudiante de diseño de modas, una de mis materias favoritas fue "Historia de la moda", ya que como bien diría Séneca (escritor y filósofo romano), "No vivimos según la razón, sino según la imitación", por lo tanto, considero fundamental que para repetir o no repetir el pasado, es necesario conocerle.

Porque muchas personas podrán creer que la moda, la ropa, es sólo cuestión de vanidad y consumismo, pero no, no es así, cada prenda y/o accesorio que utilizamos (o nuestros antepasados utilizaron) es algo totalmente analizado por nuestro cerebro, tal vez de una forma tan automática que no lo notamos, pero a final de cuentas, esta selección es la forma en la que mostramos lo que somos, cómo nos sentimos, dónde y cómo estamos viviendo, destacando atributos, ocultando defectos, siendo honestos con nuestra personalidad o buscando proyectar una totalmente distinta; por lo tanto, es importante entender que primero es la sociedad y después los desfiles, con esto me refiero a que el mundo de la moda se inspira, e incluso, se adecua a la humanidad, tras el arduo trabajo de los coolhunters (cazatendencias, dedicados a la recolección de información sobre temas de moda o tendencias), que demuestran que la moda y el comportamiento social van de la mano.


La exageración y enfoque de la indumentaria en ciertas partes del cuerpo humano (no sólo en el femenino) comenzó en el siglo XV, en la época renacentista, en la clase alta; en búsqueda de destacar ante la sociedad y diferenciarse de los plebleyos, incluso con los de su misma clase. Prendas que destacaban los hombros y la virilidad masculina se dieron a notar, primeramente mostrando que se tenía el poder adquisitivo para gastar en textiles decorados y en segunda instancia mostrarse imponentes, ya que el destacar partes del cuerpo como hombros da la impresión de seguridad, protección e imponencia. 


Después entre los años 30 y 40, con las guerras y la pérdida del hombre en casa, las mujeres comenzaron a utilizar ropa masculina, la cual fue saqueada del guardarropa de los que fueron sus maridos; tocaba hacerse cargo de la casa y de las actividades diseñadas "para hombres", por lo tanto se buscaban prendas cómodas con las cuales fuesen respetadas en un mundo de hombres, adoptando un estilo masculino e imponente gracias a prendas con hombreras, tales como sacos militares. 



Fue hasta 1980 donde la exageración en los hombros se volvió más evidente, esto gracias a una famosa serie llamada "Dynasty", la historia de la serie se desarrollaba en Denver, capital de Colorado, y contaba la historia del magnate del petróleo Blake Carrington, de su familia y de su empresa la Denver Carrington. El diseño del vestuario fue llevado a cabo por Nolan Miller, donde se destacaron las hombreras, pero, en la moda como en la vida, nada nace de la nada

Después de una época de desenfreno con los punks, como lo fueron los años 70, la sociedad sufrió un cambio drástico; producto de los nacimientos de los años sesenta, aparecieron los babyboomers, que para los ochenta ya eran adultos que querían ganar tanto dinero, como fuera posible, lo más rápido posible, sin mostrar ningún tipo de respeto hacia sí mismo ni hacia los demás, teniendo como lema "Work hard, play hard", quienes realmente querían estar a la moda debían trabajar 12 horas diarias y luego ir de fiesta todas las noches, "Dresses for success" se le llamaba a esta fórmula, por lo tanto se buscaba proyectar una cierta imagen; ambición y la mentalidad de abrirse paso a codazos, era la imagen externa de su actitud interior ante la vida; a su vez, en la vestimenta femenina, al adoptar una silueta masculina con las hombreras, lograron irradiar autoridad y poder, en trabajos de despacho y/o la bolsa, porque una característica principal en las mujeres de aquella década fueron las ansias de la emancipación, como prueba todas las películas ochenteras donde podemos ver a mujeres viviendo solas, trabajando y haciéndose responsables de ellas mismas.

Después de todo esto me es inevitable preguntar, en la actualidad, ¿por qué buscamos llevar las miradas a nuestros hombros? ¿Qué está sucediendo en la sociedad? ¿No les resulta familiar esa vida workaholic de los babyboomers? ¿El empoderamiento femenino está yendo tras todo o simplemente tenemos al alcance el guardarropa de nuestros padres?

Mientras resuelvo estas dudas, les informo que el 11 de octubre se estrena el remake de Dynasty, ¿no les parece maravilloso cuando todo parece maquiavélicamente preparado?

Nos vemos en el próximo post.

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