Bajando la guardia



Considero que en lo que va de mis casi 25 años, sólo me he enamorado dos veces, y creo que eso ha sido gracias a que esas dos veces me dejé llevar, porque creía. La primera vez tenía 18 años, era tan ingenua que enamorarme fue tan natural como elegir papas fritas en un buffet, no había complicaciones, había como especie de conexión y complicidad que sólo te dan las hormonas a esa edad. La segunda, con el corazón parchado, fue a los 22, no hace mucho; aunque seguía siendo ingenua, la segunda forma en la que me enamoré fue totalmente distinta, así como esos videos de “Cultura Colectiva”, esa vez mi amor era una especie de admiración, jamás había conocido a alguien con tantas cualidades y acento deliciosamente irresistible, alguien que a su manera me incitaba a ser mejor.

Me da mucha risa recordar aquellos dos momentos de mi vida, pienso en que fui ingenua, fui intensa, fui feliz, tanto que en ambas ocasiones terminé con el corazón hecho añicos, y aunque siempre he dicho que uno se rompe el corazón solo, andar destruida es una de las cosas que más he valorado, porque no sé ustedes, pero cuando ando lastimada es cuando mejor me veo, cuando más productiva me vuelvo, porque creo una barrera para todo aquel que intente decirme lindos ojos. Con esto no quiere decir que no saliera con más gente, porque claro que he dicho te quiero y he tenido citas, pero en el fondo siempre cargaba con algo que me impedía sentirme totalmente abrazada por la idea del amor, probablemente el que mis dos grandes amores no funcionaron como hubiese querido me hicieron saber que menos lo harían los amores chicos, y de eso culpo a mi corazón parchado que no me dejaba ser totalmente yo.

Cuando uno es lastimado, se vuelve temeroso; cuando uno madura, se vuelve precavido, ahora imaginen a alguien maduro y lastimado, un ser humano más caminando por la vida como sonámbulo, viviendo experiencias a medias, viviendo el amor (o intento de) a medias.

Hace unos meses, como por abril, en mi búsqueda de sabrá Dios que cosa, conocí a John Doe, la persona más detestable en este mundo, con pésima ortografía y un gusto musical que no entiendo, de los que llegan a los tacos de birria en la mañana y por su carisma se vuelven amigos del taquero, alguien totalmente opuesto a mí, la persona perfecta para abrazar mi libertad sexual (o tener sexo sin compromiso, para que no suene tan rebuscado) en una época en la que no tenía tiempo para andar prometiendo cosas que no sabía si podría cumplir, una época donde necesitaba perderme un rato del estrés que mi antiguo trabajo estaba causándome (oh, sí, esa historia no se las he contado).

Pero a veces las cosas no salen como uno espera, porque seré muy romántica empedernida, pero en mis relaciones soy muy pesimista, siempre espero lo peor, para ser exacta, esperaba que esto durara menos que el domingo de un Godínez, pero todo parecía indicar que no tenía para cuando irse, así que comencé a notar que lucía tan bien en mi cocina haciéndome la cena, que nadie me había hecho reír tanto con tanta naqués y que dormir a su lado no era tan malo como creí que sería, y comencé a sentir una especie de tranquilidad, la cual me hizo preguntarme ¿en qué momento dejé que este tipo se instalara en mi vida?

Entre que eran peras o eran manzanas, yo seguía con mi postura, creerle los buenos días a alguien que sólo cuenta con referencias negativas, pues cuesta un tanto.

Hace unos días, manejando rumbo a su trabajo, Spotify me sorprendió con la canción “Love me now” de John Legend, la cual me hizo sonreír y pensar en el sabio consejo de M: “tú, date”.

La canción dice :

I don't know who's gonna kiss you when I'm gone
So I'm gonna love you now, like it's all I have.


Y lo supe, no había razón para seguir con un escudo que terminaría arruinando lo que sea que fuera esto, así que al llegar sólo pude no mirarlo a los ojos y en bajito decirle: “Me gustas”.

Viéndolo desde afuera fue la cosa más boba y simple del mundo, pero desde donde yo estaba parada y luego de tanto ir y venir, fue la cosa más honesta y grande que he dicho en lo que va del año.

Y aunque esto pudiese parecer una carta de amor para él, no se confundan, es una carta de amor para mí y para toda persona escéptica, es mi forma de decir vas, déjate llevar; si te van a romper el corazón, pues que suceda; tumba tus barreras y deja que ese alguien entre, que vea cómo eres, una persona maravillosa, deja que se enamore de ti y enamórate; enójate por sus niñerías y maldice si es que te duele; luego desenójate porque te diste cuenta de que no valía la pena hacer tanto drama; hazla de UberEATS; envíale correos larguísimos donde dejes el corazón a flor de piel; filosofa sobre prácticas sexuales extrañas y parafílias; haz el amor con Barry White de fondo y duérmete a su lado con la boca abierta, baja la careta de perfección; y sobre todo, sé feliz, que mira que “los corazones rotos se curan, pero los corazones protegidos acaban convertidos en piedra”.

Nos vemos en el próximo post.



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