¿Soy feminista cuando me conviene?



Al caminar de blvd. Agua Caliente a Plaza Río, tras una mañana de mucha comida, vientos de Santa Ana en todo su esplendor y charla entre féminas empoderadas, escuchando alguna cursilería en mis audífonos, me cuestionaba sobre situaciones que la gente llama "feminismo a conveniencia".

Pasado un tiempo, es inevitable el cuestionarse ciertos aspectos sobre feminismo, así como actitudes que vemos en las personas, y sobre todo, acciones que nosotros llevamos a cabo, y no porque una ande buscándole 3 pies al gato, sino porque nunca falta el ser humano (para generalizar) que suele decir:

"Muy feminista, muy feminista, pero a la hora de cargar el garrafón se echan pa'tras".

Entre un millón de frases más, infundadas, no nos hagamos, por una sociedad inculta (para que no se asusten con la palabra machista).

Pues bien, mucho antes de mi caminata, mientras engullía mi desayuno, escuchaba situaciones de conflicto mental feminista, porque como mencioné, una cosa es lo que alguien tenga que decir, y otra la que nuestro yo interior tiene que gritar, lo cual, por lo general, es más rebuscado que nada. Cuando una decide ser una mujer empoderada que se acepta como feminista y que divulga que lo es, abrazando el hecho de que esto no nos vuelve mejor que nadie, simplemente capaces de realizar cualquier cosa que nos plazca sin afectar nuestra integridad, la gente comienza a tratarte distinto, la gente se vuelve extremista contigo, te trata como una diosa y te alaba o te trata con desprecio por creerte "superior", cuando ¡ah, caray! ¿Quién dijo que eso es ser feminista?

Hace unos meses, comencé a leer el libro "#GirlBoss" (aún no lo termino, por eso no he hecho review), y di con una frase que me encantó, la cual terminé colgándome como bandera, el fragmento dice lo siguiente:

On the rare occasion a guy opened a door for me, I'd refuse, taking insult, like "i can open my own doors, thank you very much! And let's be honest, that's no really beign a feminist, that's just beign rude.
—#GirlBoss, Sophia Amoruso.

Y es que esta clase de situaciones están a la orden del día, y resultan más notarias cuando una comienza a salir con alguien, es un cuestionamiento constante que ocasiona que actúes como un robot en una cita.

—Yo nunca dejo que paguen la cuenta, sino luego van a querer cobrarse de alguna manera. —dijo L en un café famoso de Avenida Revolución.
—Cuando salgo con alguien si espero que se ofrezca a pagar, honestamente,—dijo S— pero jamás la dejaría pagar, y no es por machista, sólo estoy acostumbrado a ello, cómo al abrir la puerta del carro para que suban o jalar la silla para que se sienten y si la llevo a su casa, no es que espere "cobrarme" de algún modo, me gusta ser atento.
—Creo que la gente confunde mucho la caballerosidad, los valores y demás. Considero que si quieres pagar por lo que tú comiste, vas; si la persona se ofrece y quieres acceder, vas. complicarse la existencia cuestionándose quién paga qué en una primera cita, incluso ya en rol de pareja/matrimonio, depende de los acuerdos a los que se lleguen, ¿no? —dije.
—Igual y sí, pero aún así yo pago lo mío.—cerró la conversación L, alzando la mano para pedir la cuenta.

Y repito lo que antes dije, eres libre de acceder o no a cosas, cómo que tu novio/esposo/amigo/amigo especial/papá/abuelo/tío/primo, o cualquier conocido tuyo del sexo masculino, te ayude a arreglar el gas, suba ese mueble al segundo piso, te cargue las bolsas del mandado, porque eso ni te da ni te quita, no dejas de ser empoderada al no cargar un garrafón que muy probablemente lastimará tu espalda, no eres más o menos feminista, sólo eres una feminista consciente de tus capacidades físicas. Por lo tanto, deja de tejer telarañas en tu cabeza, no es que estés usando el feminismo a tu conveniencia, esa idea viene de alguien que aún no descubre lo bonito que se siente dejar ir los prejuicios.

Nos vemos en el próximo post.

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