Adiós a Guadalajara


Cada viaje siempre deja algo requete bonito en mi corazón, no es que haya vivido los millones de viajes, pero cada uno ha tenido su razón de ser y una maravillosidad enorme. Hagamos un recuento.

Primer viaje: Los Mochis.
Primer viaje pagado por mí. Visitar a mi mejor amiga después de una eternidad sin vernos.

Segundo viaje: Durango.
Visitar a mi familia paterna. Encontrar mis raíces y conocer la razón de mis enormes ojos y caderas.

Tercer viaje: Guadalajara.
Este viaje alberga más maravillosidades que los otros, y no porque uno valga más y otro menos, sino porque considero que todo en esta vida es gradual, conforme creces te vuelves más curioso y por ende disfrutas más, al menos eso sucede conmigo.

La curiosidad por conocer Guadalajara comenzó a finales del año pasado, Celeste (blogger de Nobody, told me) me habló de la tan famosa Feria Internacional del Libro llevada a cabo en Guadalajara, y gracias a mi nuevo propósito de vida, viajar, accedí a viajar con ella. y por marzo de este año compré mi boleto.

El día de mi viaje, antes de irme al aeropuerto, al despedirme de mi mamá, noté que tenía los ojos vidriosos, cosa rara, ella no suele ser llorona como yo (eso lo saqué de mi papá), la verdad no entendí la razón, y hasta la fecha, pero una vocesita en mi cabeza me dice que era su forma de decir "ya creciste y no lo estás haciendo tan mal".

Entre el éxtasis y el sueño que me cargaba, no analicé nada de lo sucedido en casa, durante el vuelo me puse a dormir y al llegar me dispuse a disfrutar, hasta este lunes 28 de noviembre por la tarde en Café Caligari, donde la duda se instaló en mi cabeza.

Me di cuenta, entre una pasta alcapone y un café americano (los análisis existenciales siempre se llevan  a cabo un lunes en la tarde mientras tomas una taza de café), que este es "mi primer viaje sola" (entre comillas porque viajo en el avión con dos personas conocidas y compartí una habitación de hotel con ellos durante casi una semana), el primero donde soy cien por ciento responsable de lo que suceda en él, y aunque suena emocionante  y liberador, éste va acompañado de mucha responsabilidad y peso sobre los hombres.

Provengo de una familia dividida en dos partes muy diferentes:

Los Solís, son medio cabeza dura, eso lo saqué de este lado, les encanta hacer lo que vaya en contra del sistema, a veces les resulta bien, otras no tanto, son personas de personalidades fuerte. Es muy característico que las mujeres se embaracen antes de los 18, y antes de los 20 completen la parejita, tranquilos, tranquilos, no juzgo este modus operandi, con el tiempo he entendido que "el que tu verdad no sea mi verdad, no significa que alguno viva en la mentira"; suelen dejar de estudiar antes de terminar la secundaria, y ya, no se nos exige mucho. Con todo y lo negativo que podría sonar, los considero valientes. Esta familia migró a Tijuana hace un poco más de 20 años, dejando todo en la ciudad de Durango, creándose una nueva vida,  mostrando lo aventureros que pueden ser.

Los Enríquez, son amor puro, son puro amor, eso lo saqué de este lado, son "gente bien", católicos, buenos modales, amorosos, con buen gusto y muy sencillos, una familia clásica duranguense. Todos tienen una carrera universitaria, uno que otro ha trabajado fuera del país, poco a poco, después de los 30 han creado su propia familia, con boda grande, hijos hermosos e inteligentes (en serio, son una chulada y muy inteligentes).

A veces mi hermana y yo solemos decirnos "Hoy eres más Enríquez que Solís" y viceversa, siempre dependiendo de la forma en la que estemos actuando, en general mi hermana es más Enríquez, pero yo, yo estoy en esa etapa de descubrimiento; sí, a mis 24 años intento saber quien soy y que quiero, y por el momento quiero viajar, y eso no sé de donde lo he sacado.

Yo nací loquita, digo Lupita, como una vez alguien me dijo "no sigo el patrón", que en mis propias palabras sería "soy una ventana variable"; un día puedo ser Enríquez, otro día Solís, otro día soy ambos y otros Mastretta.


Bueno, a lo que voy con todo esto es que me siento requete orgullosa de mí, literal, hace unas horas, al tomar mis maletas para irme al aeropuerto, me he visto al espejo y he dicho "Girl, you rock", y sí, esta ciudad me ha hecho sentirme así, orgullosa, feliz, maravillada; esta ciudad y las maravillosas experiencias que he vivido, la comida que he probado, los lugares que he visitado (pronto les tendré varias publicaciones con TODO ello), esta ciudad y la cosquillita viajera que ha nacido en mí, que me hace ser única, al menos entre los Enríquez y Solís, y poder decirles a mis dos familias, en especial a las generaciones más jóvenes, "Hey, mira, hay otra forma de vivir, de pensar, de ser, y te estoy abriendo camino por si un día decides seguirlo",

Y me voy, porque ya se va el avión, porque ya extraño Tijuana, la comida del norte y a mi hermoso sobrino bebé, y porque me he quedado en bancarrota, pero me voy con la promesa de volver, quedarme un mes entero y escribir una novela que se lleve a cabo aquí, entre libros antiguos, su arquitectura colonial y exposiciones maravillosas (les advierto que habrá mucho romance en ella).

Y si te lo estás preguntando, sí, Guadalajara huele a tierra mojada.

Nos vemos en el próximo post



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