Adiós a Durango


Y por más que lo intenté postergar, el día de hoy mi estancia en Durango termina. Fueron tres semanas que increíblemente se pasaron volando, tres semanas donde no extrañé ni un poquito a Tijuana, tres semanas donde me dediqué a formar parte de esta ciudad (y comer como pelón de hospicio). Nunca es fácil decir adiós, y menos cuando te acostumbras a algo, a alguien, a un lugar, y eso me sucede en este momento.

Pasé 25 días enteros formando parte de la ciudad de Durango, formando parte de la familia Enríquez, acostumbrando a sus horarios, y al horario, aprendiendo que transporte me lleva de la casa de mi tía a al Centro y cual me regresa, conociendo la colonia donde vive mi prima y donde está la casa de mi abuelita; caminando por las calles del Centro Histórico, y por los pasillos de Paseo Durango; envidiando sus edificios coloniales, su historia y tradiciones.

Nací, crecí y vivo en una ciudad joven, allá nada tiene más de 126 años y cada cosa que existe en Tijuana, existe porque sí, no hay mucho que contar, no en cuanto a historia de la ciudad.
¡Tranquilo, tranquilos! No olvido de donde soy, ni las increíbles oportunidades que me ha dado "La esquina de México", "La puerta de México""La Mera Mera".

—¿Por qué no te quedas a vivir en Durango?— Preguntó HC después de contarle lo increíblemente feliz que me encontraba en la tierra de los Alacranes.
—Porque Durango es una ciudad tan tranquila que no imagino viviendo aquí, pero si me imagino visitando una vez al año y recargando baterías, dejando el drama de lado y lo ajetreada que suele ser la vida cotidiana, Durango es mi oasis personal.

Como siempre digo, cada viaje deja una maravillosidad en mi corazón, y me hace crecer, más que nada, de forma personal, este viaje, esta larga estancia, me ha hecho saber dos cosas:

1. Por más que extrañe mi ciudad; el abrir mi clóset y tener una y mil opciones para vestir; mi cama y la bata que me regaló mi abuelito, la vida sigue, mi vida sigue, con dos blusas, con un par de botas, sin mi champú favorito, s donde vaya podré encontrar esas cosas materiales, y comprarlas de ser necesario.
Siempre he tenido el sueño de vivir en otra ciudad, en otro país, irme un año o 6 meses, saber que se siente formar parte de otra comunidad, pero el miedo y el dinero, han sido un impedimento. Gracias a Durango, descubrí que puedo hacerlo, irme con nada y empezar a hacer un algo en otro lugar, que extrañaré personas, cosas, CLARO, ni que fuese de palo, pero la tecnología estará a mi favor, no será lo mismo y doy gracias a eso, pero dejar pasar ese sueño por miedo no es correcto, es ilógico.
No digo que me vaya a ir ya, no sé si llegue a suceder, pero creo que puedo hacerlo.

 2, Me siento más conectada con mi familia paterna (y agradecida), me siento más Enríquez que nunca y más feliz. Uno siempre y por siempre buscará encajar en algún lugar, es naturaleza humana (no luches contra ese sentido de pertenencia), saber de donde vienes, la razón por la cual piensas como piensas, y eso te lo da la familia, a veces son ambas familias (paterna y materna), en mi caso sólo es la paterna, así que tuve que hacer un viaje  de 2,000 km, para descubrir de donde me sale el decir palabras de amor a la gente que amo, de donde me sale el amor por el vestir bien, y lo fresa, incluso el gusto de disfrutar la vida al máximo antes de sentar cabeza.

—Hija, deberías ir a Cuba, conozca, viaja, haz de todo antes de casarse, eso puede esperar— Nunca había tenido conversaciones de ese tipo con algún familiar, yo creía que todos me veían como loca, pero descubrí que para mi tía N no lo estaba, ni un poquito.

Y termino mi carta del "adiós" a Durango, evitando llorar y achicopalarme por mi tan temido tiempo de volver, honestamente, aún no me creo que me voy, pero es tiempo, el trabajo y los deberes exigen mi presencia, sin embargo...

"Esto no es un adiós, es un hasta pronto".


Nos vemos en el próximo post

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