El amor es como conocer a tu escritor favorito



Eran las 5:30AM, y HC me despertó con la contestación más larga y profunda del mundo, pero tras una larga desvelada, gracias JD, no pude abrir los ojos, y volví a dormir.
Fue hasta las 7:30AM cuando me levanté de la cama de un salto, me metí a bañar y con los ojos chiquitos (aunque parezca imposible), salí de casa rumbo a Otay, rumbo a Síntesis, rumbo a conocer a Amalia Andrade.

Hace aproximadamente 2 semanas, Y me invitó a una mini celebración de (no) cumpleaños para Amalia Andrade, la escritora de "Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida" y "Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas". Como sabrán, no fui la más fan de su primer libro, no es que lo odiara, sólo que en aquella época yo andaba callejoneando con JD, por lo tanto hablarle de desamor a quien ve corazones volando a su alrededor, pues imposible. Pero acepté la invitación, moví mi horario laboral, compré su segundo libro (el cual si llegó justo cuando debía llegar) y listo, a fangirlear.

Llegué a la reunión como a eso de las 8:50AM (tarde, para variar), y en la salita donde celebraríamos el amor, los no cumpleaños, los libros y la sororidad, se encontraban 2 chicas, Susana (léela en Deshoras) y Diana (léela en Tournesoul), quienes, al igual que yo, saltaron de emoción tras la entrada de Amalia a la sala.

—Me siento como Beyoncé, pero creo que a ella no la puedes tocar— dijo la famosa escritora colombiana al sentir la calidez mexicana. Charlamos y comimos.

Durante ese compartir, Amalia nos contó cuando conoció a la que fue su escritora favorita a los 18.

—Conocer a tu escritor favorito puede ser una de las mejores o peores experiencias.—dijo, yo sólo pude pensar que eso era idéntico al amor. 



Si alguna vez han conocido a su(s) escritor(es) favorito(s), entenderán un poco a que me refiero, y sino, pues les cuento, porque es como sumergirse en el amor.

Haces fila con las expectativas por los cielos, pensando exactamente en lo que dirás, hasta que aparece. Ves como otros llegan, se toman fotos, se abrazan, reparten amor y te hacen desear estar en su lugar. Tú sigues pensando, piensas en que todo lo que hace es maravilloso, que no hay persona igual en este mundo, cuando evidentemente es un ser humano igual a ti y a todos los que hacen fila junto contigo, pero en ese momento no importa, porque a diferencia de otros (escritores), éste ha logrado quedarse en tu mente, corazón y alma, así que tú sigues en el camino, avanzando, a veces lento, a veces rápido. Hasta que llegas y todo comienza a mostrarse tal cual.

Te acercas, temeroso (porque aún no conozco a alguien que se aviente tan fácil), le dices tu nombre, les das tu libro y le dejas autografiarlo, como cuando dejas que alguien marque tu corazón para toda la vida, confiando en que será especial, en que valdrá la pena, en que aunque a otros estuvieron antes que tú, lo que tenga que decir será único, especial, original. Descubres que es igual a sus libros, un amor, un pan de Dios con mantequilla y mermelada, y respiras, te entregas, tu corazón se siente en confianza, se instala y se queda ahí por siempre, y, con el paso del tiempo, madura, aprende a verle los defectos y no juzgarle por ellos, entendiendo que nadie es perfecto, y que esos pequeños desaciertos (o aciertos) forman parte de lo que es y será.

Sin embargo, a veces, sólo a veces, uno no es correspondido, uno hace fila y no logra acercarse porque se va antes de que estés por llegar (como me pasó con Mastretta); o llegas y te quedas muda (como me pasó con Catalina Aguilar); o descubres que sus obras son maravillosas, pero como persona es lo peor, como le pasó a Amalia a sus 18 años.

Pero vamos, que no pasa nada, la vida es un albur, como dicen coloquialmente, y aunque la experiencia escritor-fan no fue lo que esperabas, recuerda que atrás y enfrente de ti hay más gente, y esa gente es la que hace que valga la pena el tiempo en la fila.

Ah, ¿qué cómo fue conocer a Amalia Andrade?
La cosa más bella del mundo, es un amor de persona, divertida hasta la médula y talentosa como ella sola.

Nos vemos en el próximo post.

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